Libro de la semana: “Ficciones”, de Jorge Luis Borges

(Foto: Tom Quiroz)
(Foto: Tom Quiroz)

Despedimos el mes de las bibliotecas recomendando la lectura de uno de los escritores-bibliotecarios más famosos del mundo: Jorge Luis Borges. Te invitamos a hacer un repaso por Ficciones (Alianza Editorial, 2006), su libro de cuentos más celebrado.

Por Antonio Chumbile. Biblioteca Mario Vargas Llosa

Se ha comentado y discutido extensamente sobre los relatos del genial escritor Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo (1899-1986). Su influencia es reconocida a nivel mundial e incluso ha llegado a atravesar las fronteras de la literatura más de una vez. Disciplinas como la neurociencia, la informática, la psicología y hasta la física, han tomado como referentes varias de las ideas contenidas en sus relatos. ¿Cómo lo hizo? Definitivamente, las bibliotecas han jugado un papel muy importante en su formación y creatividad.

El primer trabajo remunerado del escritor argentino fue el de bibliotecario a la edad de 39 años. La biblioteca municipal Miguel Cané, en Buenos Aires, es mundialmente conocida por haberlo albergado entre los años 1938 y 1946. Fue dentro de este lapso de tiempo en que escribió la mayoría de cuentos que integran su obra más conocida: Ficciones, publicada íntegramente por primera vez en 1944. A continuación, describiremos y comentaremos brevemente los relatos de este libro que guardan mayor relación con las bibliotecas.

A primera impresión, el relato Tlön, Uqbar, Orbis Tertius puede leerse como un cuento policial donde los protagonistas son dos apasionados bibliófilos. Los libros se transforman en emocionantes fuentes investigación para poder dar con el paradero de Tlön, un planeta imaginado por un grupo de intelectuales hace varias décadas. Enciclopedias, catálogos y algunos objetos irán dando pistas de este planeta que cuenta con sus propios países, idiomas, ciencias y artes.

De los libros mencionados dentro de Uqbar (una región de Tlön), el narrador encuentra solo uno ubicado en “los catálogos de librería de Bernard Quaritch” (p. 17). Cabe mencionar que este catálogo aún existe y ahora puede consultarse vía web. El británico Bernard Alexander Christian Quaritch fue nada menos que uno de los libreros más importantes de Europa. Con una de las colecciones más raras y valiosas del continente, entre sus libros más valiosos de Bernard Quaritch figura la famosa Biblia de Gutenberg, la cual dio inicio a la revolución de libros impresos en masa. Tratándose de Borges, su elección de librerías no podía ser menos exigente. Un buen lector debe conocer las mejores bibliotecas y a los mejores libreros.

Hay otros detalles exquisitos en este relato. Por ejemplo, el famoso tomo XI de la imaginada A First Encyclopaedia of Tlön es descrito como “un libro en octava mayor” (p. 20). Esta catalogación corresponde a un formato antiguo de libros cuyo tamaño (19 a 22 cm.) correspondía una hoja de tina (antiguo papel hecho a mano) con más de dos dobleces. El manejo de esta información nos describe a Borges como un bibliófilo especializado no solo en los contenidos sino en los formatos de los libros.

En la postdata a este relato, Borges menciona que la fantasía de Tlön ha irrumpido en la realidad mediante una brújula y un tótem asesino. Sin embargo, más definitivo y contundente será el “hallazgo” de los cuarenta volúmenes de la Enciclopedia de Tlön. Interpretamos personalmente este hecho como un homenaje al poder de los libros por ser los portadores de la “Obra Mayor de los Hombres” (p. 41). Podría decirse que el diseño de estas enciclopedias guardan más ambición que la construcción de un edifico o un estadio. Solo estos libros contienen la capacidad “divina” de los hombres al “crear” todo un planeta. Esto nos recuerda el inicio de una de las conferencias más recordadas del mismo autor:

“De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación.” (En Borges oral, 1974: 11)

En Pierre Menard, autor del Quijote, Borges nos inventa un autor y nos brinda un catálogo ficticio de sus obras. Entre estas obras está El Quijote. El hecho de que lleve a su extremo la actualidad que encierran la inventiva y la prosa de Cervantes, deviene en un homenaje no solo al Quijote sino a toda obra antigua que aún pueda ser disfrutada y (re)pensada en estos tiempos. Toda biblioteca es una fuente miles de lecturas posibles que pueden renovarse cada día. Podríamos decir sobre Borges lo que él mismo señala sobre Pierre Menard: “Menard (acaso sin quererlo) ha enriquecido mediante una técnica nueva el arte detenido y rudimentario de la lectura: la técnica del anacronismo deliberado y de las atribuciones erróneas.” (p. 58). Uno imagina una biblioteca con libros de distintos siglos mezclados para que puedan leerse como si hubiesen sido escritos ayer. Con este cuento, Borges nos da una herramienta para leer los clásicos como si fueran literatura contemporánea. Acaso lo son. Como él mismo señala, “esa técnica puebla de aventura los libros más calmosos.” (p. 58)

La lotería en Babilonia y Las ruinas circulares exploran las (casi) infinitas posibilidades del azar y de los sueños, respectivamente. Ambos relatos irrumpen en la realidad explotando sus miles de futuros posibles. Curiosamente, en el párrafo final de Examen de la obra de Herbert Quain, Borges deja a entender que Las ruinas circulares está basado en una de las obras de este personaje ficticio (p. 91). Es decir, ficción sobre ficción. De esta manera logra dotar de cierta “aura” la figura del autor Herbert Quain. Sin embargo, como en toda obra, esto no evita que sus libros puedan ser sobrevalorados o malinterpretados.

Detengámonos en La Biblioteca de Babel. Encontramos nuevamente la idea de un universo pero ésta vez representado como uno de los espacios más venerados por Borges: la biblioteca. Aquí el universo es la biblioteca. Cada persona que habita -o sobrevive- en ella es un bibliotecario. ¿Lo imaginan? Encontraremos bibliotecarios solitarios, violentos, místicos y otros reunidos en sectas e ideologías. Dentro de esta biblioteca, literalmente, se puede viajar. Sus galerías hexagonales albergan una cantidad indefinida de libros que contienen todo el pasado y el porvenir (p. 93).

Varias lecturas han relacionado este relato a la idea de la biblioteca como un paraíso. Otros la han señalado como un anticipo al universo virtual del Internet. Lo cierto es que el relato está lejos de quedarse en un discurso complaciente. Como casi siempre, Borges lleva sus ideas a los extremos del razonamiento y la ambigüedad. La biblioteca, por su inmensidad, no solo es fuente de conocimiento sino también de lo que nunca conoceremos. Su existencia es una prueba irrefutable de lo mucho que ignoramos. Esto, bien pensado, resulta inquietante y perturbador. Esta es la atmósfera que más se busca recrear en el relato. Aun con todo esto, consideramos La biblioteca de Babel como un maravilloso cuento de lectura obligatoria para todo bibliotecario y amante de los libros.

Borges gustaba de retratar lo universal en lo individual. Uno de los relatos más conocidos por incurrir en esta idea es Funes el memorioso. En este caso se trata de un hombre cuya mente es más vasta que una biblioteca entera debido a que puede recordarlo todo o, dicho de otro modo, no puede olvidar nada. Nuevamente, la atractiva idea de poseer una memoria infinita es desmenuzada en todas sus posibilidades para mostrarse también como un suplicio. Nada ni nadie se mantienen igual; todos estamos en constante cambio o deterioro (p. 144). Esto hace que a cada segundo, toda imagen o idea le resulte a Funes obsoleta o imprecisa. De este modo, se agrava su paranoia y soledad. Los libros serían una contraparte que ayudan a fijar ciertos conocimientos humanos. Las bibliotecas nos salvan de nuestra excesiva “capacidad” de olvidar.   

Parafraseando al Borges, podemos señalar que sus relatos contienen su propia refutación, su propio “contralibro”. Cada idea propuesta por Borges es cuestionada, y muchas veces refutada, por él mismo. Para esta práctica, el narrador argentino muchas veces se vale de autores y libros que no existen. Además de los cuentos ya mencionados, La secta del Fénix y Tres versiones de Judas son muestras notables de esto.

Cada relato, cada párrafo de Borges da pie a varias teorías e interpretaciones. Por lo tanto, los efectos que causa en el lector son múltiples. Culminaremos estos comentarios destacando su efecto de bibliofilia. Luego de leer Ficciones, los libros pasan de ser herramientas de información a parecernos entes misteriosos y complejos. Las referencias bibliográficas de este libro (reales y ficticias) deben pasar el centenar y uno guarda el deseo de explorar cada uno. Pero no es la cantidad lo que abruma sino la capacidad de Borges por “resumir” los más atrevidos postulados filosóficos y compartirlos en unas cuantas líneas. Los cuentos de Borges hacen con la filosofía lo que la poesía hace con las emociones: condensar, contraer y recrear.

El libro de relatos Ficciones forma parte de nuestra Colección de Literatura Hispanoamericana en la Biblioteca Mario Vargas Llosa de la Casa de la Literatura Peruana y la pueden consultar gratuitamente de martes a domingo de 10:00 am. a 7:00 pm.