LA TÍA JULIA Y EL ESCRIBIDOR

 Gracia Angulo Flores

Esta novela, publicada en 1977, constituye, como en otros casos, un texto de fondo autobiográfico en el que el autor refiere  al nacimiento de su carrera como escritor, a través del enfrentamiento entre el trabajo literario propiamente dicho y el de las series de radioteatros con las que tuvo contacto en su juventud. El retrato un Vargas Llosa de dieciocho años con una incipiente vocación de escritor, aparece junto al de un conocido radionovelista boliviano, Pedro Camacho, que redacta, dirige y representa las series de su invención, las mismas que captan la atención  del público limeño de los años cincuentas.

Otro aspecto importante de su autobiografía,  que a su vez se enlaza directamente con el tipo de historias que presentan las radionovelas, es el enamoramiento del joven escritor de su tía política, la tía Julia, catorce años mayor que él, romance que se ve obstaculizado por el ambiente familiar cerrado y estricto, que se opone a la relación. Así, se nos presenta al “escribidor”, encerrado días enteros en su oficina, sin leer un libro o un periódico, sin asistir a los partidos de fútbol que tanto lo apasionan, sin tomar contacto con el cine o con las fiestas, todas estas actividades propias de la juventud. Sin embargo, esto no limita en absoluto su capacidad de crear, pues siempre tiene historias que contar aunque sus textos tengan solo unos cuantos lectores eventuales. En contraposición a su escasa audiencia, aparece el carácter masivo de las radionovelas, que superan en pocas semanas todos los ratings de programación.

Así, La tía Julia y el escribidor es la historia de un periodo corto en la vida de su autor, unos cuantos meses de su vida en los que sus amores clandestinos con la tía Julia, su rutina como director de información de Radio Panamericana y sus constantes reflexiones e intentos literarios, se alternan con los primeros episodios de distintas series de radionovelas, transmitidas por la vecina Radio Central. Estas series, nueve en total, conservan una aparente autonomía, aunque conforme Pedro Camacho empieza a desvariar, se van vinculando entre sí a través de personajes o situaciones comunes. Y es que el trabajo excesivo del boliviano, quince o dieciséis horas diarias, hace que termine confundiendo personajes, modificando anécdotas, y el que finalmente, lo conduce a la locura. Por esta razón,  el último capítulo de la obra, cuando Pedro Camacho ya ha sido ingresado en un sanatorio, en vez de presentar un episodio de  su creación, continúa la historia de la tía Julia, pero ocho años después, cuando Vargas Llosa ya ha obtenido el éxito como escritor y, además, ha terminado la relación que mantenía con su tía.   

En definitiva, se trata de una obra que discurre de manera fluida, que tiene como fundamento el tema autobiográfico y  que utiliza el tema de las radionovelas como contrapunto humorístico, lo que la convierte en una obra bastante accesible a un círculo de lectores más amplio, justamente aquel que al inicio de la obra, el personaje del “escribidor”, no tenía.